
Y me vuelve a asaltar la tristeza, como si me estuviera vigilando para hacerse presente con un zarpazo matando mi momentánea alegría.
Si la felicidad se pudiera guardar en un gotero, para dejar caer sobre mí una gota de vez en cuando, para hacer con ella el perfume que elegimos usar cada mañana, o por las noches una gota sobre la almohada para llenarme de sueños que me transporten a la dimensión de la tranquilidad; O si le pusiera una gota a la sopa, alimentándome de armonía, sería tan hermoso, que por lo mismo irreal.
Es inútil llevar imágenes vividas en la memoria, siempre idealizando momentos del ayer, como queriendo traerlos al “hoy y ahorita”, sin pensar que se han desgastado, como un vestido pasado de moda, luido por el tiempo y el polvo, que, aunque haya sido un hermoso vestido que nos hizo lucir disfrutando el traerlo puesto, ahora solo queda el espectro de lo que fue, mas no volverá a ser jamás.
Pero la vida es un camino largo, a veces liso, a veces averiado, con sus curvas que rodean montañas o precipicios, con veredas luminosas llenas de flores, y con noches oscuras, amenazantes y frías, y, habrá que caminarlo, paso por paso, día por día.
Nacimos solos, pero, siempre buscamos a quien amamos y quiera caminar a nuestro lado, tomándonos la mano.