jueves, 26 de febrero de 2009

A la memoria de este espacio......LCJ






A la memoria de este espacio entre tus paredes. “Mis vivencias”

Corría el año de 1968, con solo 15 años vine a vivir aquí, tenía miedo, pero existe la razón del ser, la obligada compostura de vivir.

Me acostumbré a tus paredes, y te aprendí a amar, en la convivencia diaria y de percibir “la presencia”, Juan.

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Juan es tu nombre, sublime y transparente presencia sin rostro humano, sombra que se desliza por las claras paredes en las noches de luna; Te veo, y no te temo, ¿te divierte pasar a través de las puertas cerradas?, aunque para entrar desde la calle, la principal se abre al sentir tu paso, la presencia del amo, del señor que la habitado y dominado.

Aparece tu negra figura que a trasluz perfila tu larga capa, dejando asomar apenas tus burdas y pesadas botas, un sombrero de ala ancha, y el sonar de las espuelas que golpean en cada paso este patio de ladrillo rojo.

Y te sigue mi mirada, caminas al interior volviéndote calcomanía flotante en las blancas paredes que a la luz de los faroles transparenta y difumina la negrura de tu sombra, hasta perdérseme de vista; Es tu habitual saludo nocturno, es tu dominante presencia la que ambienta esta casa.

Y te ignoro, como lo hago siempre, regreso a mi rutina diaria, aunque estás ahí observando de mi cada movimiento, te siento, y no te conforma el que te ignore, prefieres hacerte presente con tu fétido olor dirigiéndolo, haciendo sonar las espuelas de tus botas que golpean el piso de madera, hasta llegar a una esquina en la habitación, ahí te concentras, y me parece que escoges el mejor ángulo de dominio para observar mis movimientos; Así transcurre el tiempo, te gusta jugar con tus habilidades fantasmales, pero, el juego no te da resultado.

Ya van a dar las 12 de la noche, y me encuentro en mi habitación, descansando mientras veo televisión, dando las 12 tocas a mi puerta, con tus clásicos 3 toquidos pausados, y hasta parece que les añades eco, ¿No te importan mis insultos?, pero… ¿te importa que te ignore y quieres vengarte?, apareces de la nada un goteo de agua, dirigido fuera de mi puerta, y me asomo ¿te divierte? , y no hay nada, tras cerrarla nuevamente reanuda ese goteo, enojada apago la luz, y me dirijo a mi cama para dormir.

Es de madrugada, no me haz dejado dormir votando por el patio toda la noche una pelota ponchada, debo levantarme para alcanzar a bañarme, entro a la cocina y al querer pasar al comedor para ir al baño, OH!!!, no puedo abrir la puerta, me la ha atrancado con una silla, ¿No te cansas de molestar Juan? – te digo- pero la puerta es abatible para ambos lados y logro abrir jalándola hacia mi.

Me dispongo a disfrutar de un rico baño, abro las llaves y comienzo a sentir el placer del agua tibia deslizarse por mi piel, al enjabonar mi rostro, siento una nalgada -¡¡¡Ay!!!, no puedo abrir los ojos-, de mi boca salen sapos y tarántulas!! , pero cuando logro ver no hay nada, -¿otra vez tú? - . Mi mamá oye mis gritos y va a ver que pasa, -ja ja ja – se burla de mi, ella cree que invento.

Es fin de semana, y llega nuevamente la noche, me encuentro en la cocina, mi mamá ha ido a una fiesta y llegará de madrugada, para amenizar prendo el radio, escojo una estación moderna y tranquila, mientras mis hermanos están en su recamara viendo televisión, esperan les prepare de cenar, pero oigo que me llaman, acudo a ellos, de repente una música ranchera en alto volumen llama mi atención, y regreso a la cocina, Juan me ha cambiado la estación, y lo vuelve a hacer una y otra vez si me descuido, en fin, me decido a apagar el radio para servir la cena.

Ya mis hermanos se han dormido, prendo la televisión y me recuesto en la cama de mi mamá, me dispongo a ver una película de Pedro Infante, la trama absorbe mi atención, y de repente siento que “alguien” sume la cama a mi lado, Juan otra vez!!, y trato de ignorar su atrevimiento, pero no entiende, lo tengo que insultar nuevamente, se molesta y camina hacia los oscuros de la puerta con ruidosas pisadas, recargándose en ellos haciéndolos salir de su lugar, con paciencia me levanto y guardo nuevamente el oscuro en su lugar, ignorando su berrinche, y regreso a mi posición mientras el suelta un fétido olor a amoníaco.

Y así día tras día, en este espacio compartido entre dos dimensiones de vida, mismo espacio y diferente tiempo.

Querido Juan:
Donde quiera que hoy te encuentres, deseo que en tu actual vida, en esa dimensión se te conceda la paz.
Tu recuerdo se guardará por siempre en las paredes de esta casa,
“La Casa de Juan”.

Fin

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